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jueves, 4 de agosto de 2011

Sigilfredo Silva Torres, el Apóstol de Barranquilla


Por: Alejandro Rutto Martínez

El pastor Sigilfredo Silva Torres nació el 20 de enero de 1.939 en la Calle Concordia de El Banco, departamento del Magdalena, en el hogar conformado por Juan Silva Romero, agricultor y obrero urbano y Alicia Torres, quien se dedicó por entero a la crianza de sus siete hijos.

Cuando cumple los siete años deja su tierra natal y se traslada con sus padres a El Peñoncito, en el departamento de Bolívar, en donde la familia se dedica a labores agrícolas. Unos años después regresa junto con su señora madre y sus hermanos. Su padre en cambio viaja a Barrancabermeja en donde se vincula a la empresa Shell Cóndor de Colombia para desarrollar cualquier oficio que se le pida.



Cuando cumple 11 años de edad sigue los pasos del padre y viaja a Barrancabermeja. Allí consigue trabajo como caddy en el club Miramar en donde conoce a Dídimo Amaya, celador de ese lugar, quien le habla por primera vez de Jesucristo. Al mismo tiempo una vecina, de nombre Rosa Campo, le habla a don Juan Silva del poder redentor de Cristo y, prácticamente al tiempo, padre e hijo, deciden entregar su vida al Hijo de Dios. Una Biblia comprada por el señor Juan se convierte en el libro de lectura predilecto y en la mayor entretención de aquellos días.


El primer amor en el evangelio se produce en la Iglesia Cuadrangular de Barrancabermeja, en donde conoce también a los misioneros José y Virginia Knapp y a José Silva Hernández, quienes hacen parte de uno de los primeros grupos de evangelistas enviados por la Iglesia Cuadrangular Colombia.


Un poco después la señora Alicia Torres llega a la ciudad y la familia inicia de ésta manera un nuevo ciclo de unidad y máximo compartir de su amor.

En 1.952 Sigilfredo baja a las aguas bautismales y permanece en el departamento de Santander hasta 1.954 cuando el jefe de la familia cambia de oficio y se dedica a la pesca lo que obliga al traslado de la familia a Tamalameque, a orillas del Río Magdalena, en el departamento del Cesar. Permanecen en este lugar hasta 1.960, año en el que Juan Silva parte con el Señor, y la el núcleo familiar retorna a Barrancabermeja. Por ese entonces Sigilfredo consigue emplearse en un taller de hojalatería, de donde pasó a un aserradero, como ayudante de la máquina sinfín. Las pocas horas libres que le deja su trabajo lo emplea en su trabajo en la evangelización y servidor en el templo.


Obrero de tiempo completo

En esas estaba cuando los directivos de la iglesia lo llaman para trabajar de tiempo completo en la obra en labores de visitación y evangelismo. Fue una alegría enorme convertirse en un obrero del Señor. Mientras crecía como servidor se presentaron dificultades en la familia.


Varado en Cartagena

Por esa causa la misión decide trasladarlo para atender la iglesia de Isla Fuerte, cerca de Cartagena a la cual nunca llegará debido a una serie de incidentes. El mal tiempo y la falta de transporte hacia su destino final lo obliga a quedarse en la capital de Bolívar , en donde el supervisor distrital Laureano Medina le solicita que se vaya a trabajar en San Bernardo del Viento. Con la maleta lista para el viaje, llega un pastor de Barrancabermeja, el hermano Benigno, dispuesto a servir en la obra. El supervisor Medina considera que éste hermano, por ser casado y padrte de familia, tiene mayor necesidad económica y por esto le pide al hermano Sigilfredo que espere otra oportunidad.

Empacó sus maletas de nuevo y con mucha paciencia, esperó su tiempo, a orillas del Mar Caribe, frente a las murallas de Cartagena y el Castillo de San Felipe.

En esas estaba cuando se produce una entrevista entre el supervisor Laureano Medina y el misionero Juanito Firth. Ésta conversación cambiaría la vida del joven evangelista varado en la ciudad de Pedro de Heredia. “Don Juanito”, como era llamado el misionero inglés, conocía a Sigilfredo desde los días de Barrancabermeja, a donde había ido en viaje de misiones. Por conocerlo como buen trabajador solicitó que se le enviara a Barranquilla por un tiempo, para remplazar a un joven que le ayudaba en los quehaceres de la iglesia y que en los últimos días había pedido salir de Barranquilla.


Su arribo a Barranquilla

Llegó a la Iglesia Cuadrangular Central de Barranquilla en donde se encargaba del departamento de “todología”: realizaba instalaciones eléctricas, reparaba aparatos, mejoraba el mecanismo de los sanitarios y redes de agua. Además se encargaba de instalar el sonido en los tiempos de campaña y en los cultos regulares. Sus conocimientos de agricultura sirvieron para que ayudara en labores de campo como cuidar las aves de corral y el cultivo de abejas con que en ese entonces contaba la iglesia.


Todas sus faenas las combinaba con la terminación de los estudios bíblicos iniciados años antes en Barranca y con la predicación de la Palabra en las iglesias Central, Carrizal y El Bosque. También colaboró en los inicios de la iglesia de La Paz, en donde además de su trabajo evangelístico, ayudó en la construcción del nuevo templo. Junto a él trabajaba el evangelista Carlos Jiménez y con los misioneros trabajaba cierta joven, nacida en El Retiro, municipio de Magangué, en el departamento de Bolívar, con quien entabló una linda amistad. Con ella hizo una gran relación, aunque en la pupila de sus ojos se veían las primeras chispas de un sentimiento superior: el fuego poderoso del amor encendía sus primeras llamas entre los dos

Al presentarse las vacaciones del hermano Juanito, Sigilfredo junto a Carlos Jiménez, quedan a cargo de la iglesia Central. Corren los días del año 1.964.

Matrimonio con Vicky
En el mes de marzo de 1.966 el amor se consuma delante del altar de Dios cuando Sigilfredo Silva y Victoria Meza deciden unir sus vidas en el sagrado vínculo del matrimonio en ceremonia oficiada por el ministro Carlos Jiménez. El gran acontecimiento ocurre el viernes 11 de marzo a las 9 de la noche en la Iglesia Central de donde la pareja y sus familiares se trasladan a la recepción en la casa del hermano Alexander Martínez en el barrio La Victoria (Calle 41 con carrera 14) en donde se celebró una gran fiesta amenizada por el trío “Luz y Gozo de Cristo”, originario de Bogotá y una de las agrupaciones pioneras de la música cristiana en Colombia y que por esos días se encontraba realizando una gran campaña en Barranquilla. Victoria debió casarse con el vestido que le prestó una amiga que se había casado también por esos días, pues el suyo, enviado desde Estados Unidos por don Juanito y su esposa Jean, no llegó a tiempo. La nueva pareja se instala en una casa dentro del área perteneciente a la iglesia Central.


Regreso de don Juanito

Don Juanito regresa a Barranquilla, Carlos Jiménez se marcha a otras latitudes y Sigilfredo pasa a convertirse en la mano derecha del veterano misionero. Al ser ordenado pastor es elegido supervisor distrital, luego de desempeñarse como supervisor zonal. Su nuevo cargo le permitió ser miembro de la directiva nacional en representación del distrito. En su primer año como directivo nacional es nombrado Secretario de Actas. Por esa época se desempeña como secretario ejecutivo de la directiva nacional y más adelante es escogido, como el primer presidente nacional por elección de la convención de pastores y delegados. Es de anotar que nunca buscó estos cargos, pero los pastores vieron en él el candidato ideal, por lo que puede decirse que fueron los cargos los que lo buscaron a él.


Pastor de la Iglesia Central
Los “Juanitos” abren una obra en Bogotá y para atenderla viajan con cierta frecuencia a esa ciudad, hasta que finalmente deciden radicarse en la capital y nombran como pastores a Sigilfredo Silva y Victoria Meza.

El Distrito Norte crecía poco a poco. Además de las iglesias de Barranquilla existían obras en Santa Marta, Ciénaga, Mompox, Suan, Santa Lucía, Campo de la Cruz y la Sierra Nevada, Maicao y Riohacha. Después la organización se extiende y llega a ochenta iglesias a principios de la década de los noventa. Posteriormente el distrito se multiplica y se crean otros dos para facilitar la administración del creciente número de iglesias y pastores, Nacen de esta manera los Distritos Tayrona y Provincia con sus sedes principales en Santa Marta y Valledupar, respectivamente.


El potente ministerio radial

En el año 2.000 el Distrito Norte, antes de multiplicarse, hace un gran esfuerzo para fortalecer el ministerio de la predicación radial. Es así como compra la “Voz de la Patria” una de las más antiguas de Barranquilla y se le re bautiza con el nombre de la “Voz de la Patria Celestial”.
Desde entonces sus micrófonos ha sido utilizados de manera exclusiva para difundir programas evangelístico durante las 24 horas del día, y hoy está posicionada como una de las estaciones de más audiencia de Barranquilla. Además su noticiero ocupa uno de los primeros lugares de sintonía en todo el departamento del Atlántico y su área de influencia.


La familia, el mayor regalo de Dios



El matrimonio con Victoria Meza ha sido pleno de felicidad y hoy goza de una hermosa familia conformada por sus hijos Esteban, casado con Naidú Rodríguez, y padre de Luis Felipe y Esteban Junior; Rebeca, casada con Gregorio Meza y madre de Jessika y Daniel; Sigilfredo Junior, casado con Leyla Yánez Portilla y padre de Jonathan, Angy y Julián; Jonathan, casado con Janet Patricia Buelvas, padre de Valeria e Isabella.

Hijos espirituales de gran trayectoria

Una gran mayoría de los pastores cuadrangulares de la Costa Atlántica son hijos espirituales de la Iglesia Central de Barranquilla como Fernando Fernández, Alcides Salas y señora, René y Aurora Peña, Carlos Hincapié, Santander Ortega, Reynel Castro y Álvaro Padilla. Otros son hijos espirituales del “hermano Sigi”, entre ellos los hermanos Iván y Reynel Castro, Humberto Sanso, José Soto, Jesús y Marina Góngora, Leonardo González, Cayetano Carbonó y Flor Sánchez. La lista es amplia y el pastor tiene temor de olvidar nombres, razón por la cual ofrece disculpas anticipadas por las lamentables omisiones que haya cometido.


Asesor administrativo y Apóstol de la obra

Desde el año 2.004 decidió pensionarse y entregó el cargo de pastor principal a su hijo Sigilfredo Junior y pasa a constituirse en un activo asesor administrativo y espiritual en cumplimiento de su cargo de Consejero, aunque en la práctica todos lo consideran como un verdadero apóstol del siglo XXI.










miércoles, 3 de agosto de 2011

La ley de la siembra y la cosecha



Por: Alejandro Rutto Martìnez.


El maestro, tomó en sus manos una diminuta semilla y la mostro a todos los concurrentes a su animada exposición,” ¿la conocen?” preguntó. En el salón se escuchó el coro unánime de un sí pronunciado con firmeza. A su lado tenía una enorme patilla de color exterior verde y cuyo corazón, todos lo sabían, era de un apetitoso y sólido rojo salpicado por pepitas negras como la que yacía inerte en su mano.

En la clase se hizo referencia a las dimensiones distintas del fruto y la semilla, es tan pequeña la una y tan grande la otra como lo es la siembra y la cosecha. Cosechamos de lo que sembramos pero recogemos una mayor cantidad porque la tierra nos devuelve multiplicado más de lo que le damos.

El conferencista estaba verdaderamente animado con su enseñanza, pues, luego mostró un hermoso mango amarillo, salpicado por su provocativo rojo perfectamente distribuido en la piel de la fruta, “todos sabemos que el interior de este fruto de la naturaleza contiene una semilla”.

Desde el fondo se escuchó una voz que dijo: “eso es correcto”, manifestó el maestro, sabemos que dentro del mango hay una semilla pero dentro de ésta ¿cuántos mangos hay?

“No lo sabemos ni podríamos saberlo nunca”, dijo uno de los discípulos. El expositor le dio la razón a este nuevo participante y siguió con el tema que tanto lo apasionaba.

La ley de la siembra y la cosecha en efecto rige vigorosamente en el mundo y se hace presente en variados momentos de nuestras vidas. En esencia tiene un origen científico pues Isaac newton la formuló en los términos del principio de causa y efecto o de la acción y la reacción: toda causa genera uno o más efecto.

Eso lo sabemos y opera en todo tiempo y en todo lugar: toda acción produce al menos una reacción y esto último se comprueba varias veces antes de que las manecillas del reloj marquen el paso de un nuevo minuto.

Así como la naturaleza tiene un diseño perfecto para que se coseche aquello que se siembra, la vida opera de la misma forma: quien se dedica a sembrar maíz no debe sentarse a esperar una cosecha de arroz o trigo o naranjas.

Quien siembra el mal por su parte debe olvidarse de una siega de gratitud o de aplausos o de reconocimientos. La ley tiene un grado increíble de cumplimiento, opera de forma similar a un servicio cuyo costo se paga por anticipado. Pagamos ahora y disfrutamos después.

Es distinto a aquellos en los que primero se consume y luego se paga. En esta particular ley la factura se paga rigurosamente por anticipado Jesús también lo enseñó a sus discípulos como puede leerse en las primeras líneas del libro de Mateo en su capítulo siete: “No juzguéis para que no seáis juzgados porque con el juicio con que juzgáis seréis juzgado y con la medida que medís os será medido”.

La enseñanza es una invitación a no sembrar de manera equivocada, en este caso el juicio, para no tener una reacción no deseada, en este caso el ser objeto del juicio de los demás.

El apóstol Pablo en su segunda carta a la iglesia de Corintos se refiere con claridad a los efectos secundarios, a los beneficios prodigiosos de quienes se acostumbran a dar.

En el capítulo 9 versículo 6 del segundo libro a los corintios escribe lo siguiente: “Pero esto digo: El que siembra escasamente, también segará escasamente; y el que siembra generosamente, generosamente también segará” .

La relación de consecuencia es directa y no deja lugar a la mínima duda: la escasez en el dar reportará escasez en el recibir y la generosidad conducirá a una colecta generosa.

La ley de la siembra y de la cosecha no tiene excepciones en su aplicación ni paréntesis para el tiempo de vigencia por lo tanto será válida en todo tiempo y su alcance es para todos los lugares lo que tenemos hoy tanto lo que disfrutamos como lo que soportamos es producto de lo que ayer hemos sembrado.

Por igual hoy en cada instante de nuestras vidas estamos haciendo numerosas ofrendas o negaciones y esa es la cosecha que haremos en un tiempo no muy lejano.

En un tiempo llegará la hora de obtener algo muy distinto si elogiamos hoy a quienes nos rodean a lo que encontraremos en cambio si criticamos duramente a los demás.

¿Qué podemos esperar si somos solidarios y le brindamos ayuda a los demás aún sin que nos la pidan? ¿Cuál es la consecuencia que podemos esperar si todo lo que hacemos lo hacemos con amor? ¿Qué recibiremos a cambio del chisme la murmuración y el odio?

La educación es un buen escenario para los actos de sembrar y recoger tal como lo afirma y recomienda Pitágoras: “Educad a los niños y no será necesario castigar al hombre” .

La educación que les brindamos hoy a nuestros hijos a la larga producirá sus frutos tanto por lo que les da como por el sufrimiento que les evita.

A propósito de la influencia de la ley en la educación, recordemos también el proverbio chino que nos invita a sembrar y a hacerlo de acuerdo con la magnitud de la cosecha a la que aspiramos y el tiempo para el cual la queremos la recogida. Dice así “Si haces planes para un año siembra arroz, si haces planes para diez años, planta árboles y si haces planes proyectando una vida entera educa a las personas”.

Alejandro Rutto Martínez es un prestigioso periodista y escritor colombiano. Es autor de cuatro libros y coautor de otros tres en los que se aborda el tema del liderazgo, la ética y el Desarrollo Humano. Con frecuencia es invitado como conferencista a congresos, foros y otros eventos académicos. Póngase en contacto con él a través del corrreo alejandrorutto@gmail.com o llámelo al celular 300 8055526. Visite su página http://www.maicaoaldia.blogspot.com/